Detrás de cada careta hay un rostro. Un rostro que era conocido, esperado y cómplice. Detrás de cada rostro se escondía una persona con un alma, que por esos tiempos, palpitaba con rapidez intentando gastar esos años de transición a lo deseado. Detrás de ese pálpito y esos deseos siempre había un alma querida. Hoy esas caretas han cambiado y tal vez también esos rostros, pero espero que las palpitaciones rápidas, las ganas de seguir avanzando sigan exactamente iguales que entonces y que nos sean conocidas, deseadas y cómplices.Foto: Kiko
Texto: Paco G.

